Basta de despidos, suspensiones y bajos salarios

La decisión política de gobierno y patronales de hacernos pagar la crisis, está en la raíz de la respuesta obrera y popular que genera bronca y luchas crecientes. 

GuillePaca

Guillermo Pacagnini

La inflación sigue y mes a mes se come sueldos, jubilaciones y planes sociales. El gobierno mantiene el impuesto al salario y mete tarifazos de servicios. Y la recesión castiga duro multiplicando despidos y suspensiones. Si bien hay un subregistro ex profeso y es más visible en las autopartistas, ya se ha generalizado a todo el movimiento obrero. Los analistas reconocen que si bien se fue instalando más lentamente que en la recesión de 2009, esta vez el proceso es más profundo y va a ser más duradero. Los casi 40.000 «Repro» de los que se jacta el gobierno, no son una graciosa concesión. Son el reconocimiento fáctico del desastre que ha llevado a la destrucción neta de más de medio millón de puestos de trabajo en los últimos meses. En el sector automotriz, la punta del iceberg son los despidos de LEAR, Gestamp y otras auto-partistas del Gran Buenos Aires, Córdoba y Rosario. Y los intentos de cierre de EMFER-TAT S.A. , ahora en la gráfica Donnelley, como antes sucedió con varios frigoríficos, entre ellos Paty. Hay despidos en diversos gremios y provincias.
En la construcción se estiman unos 30.000 despidos en los últimos meses, siendo un sector «mul-tiplicador de la economía» se transforma en un indicador del estancamiento económico, cuando es el propio INDEC quien ya no puede ocultar la debacle del mercado laboral, reconociendo que la desocupación subió 7.5% en el segundo trimestre. Por todo ello y pese a los traidores como Pignanelli de SMATA y toda la vieja burocracia sindical y sus patotas, en todo el país crecen los paros, cortes y protestas en defensa del salario y las fuentes de trabajo. Pelean docentes, trabajadores de la salud, docentes universitarios y otros estatales, así como muchos trabajadores del sector privado.

Represión y criminalización para que pase el ajuste

Ante los conflictos, el nada simpático vocero K Capitanich culpa a la izquierda y los nuevos delegados combativos de «hacer peligrar las fuentes de trabajo». El matón Berni reprime con policías y gendar-mes, mientras procesan a Vilma, los delegados de Lear y EMFER y amenazan con la ley antiterrorista, que no es para las patronales sino para los trabajadores y la izquierda. Además de avalar las tropelías de Pignanelli, el ministro Tomada multa o niega el reconocimiento a sindicatos de la FeSProSa que hacen paros en el interior. En esto hay un pacto reaccionario. Gobierno, patronales, burocracia y oposición de derecha, coinciden en un punto: hay que barrer a los dirigentes combativos para garantizar que pase el ajuste. Es una reacción defensiva frente al desprestigio de los viejos dirigentes vendidos y millonarios y su modelo sindical verticalista, que si bien vienen abortando la unificación de las peleas y la huelga general, no pueden impedir que se desarrollen las luchas por sector y al calor de las mismas ganen peso nuevos dirigentes que simpatizan con posiciones de izquierda.

Un programa obrero y popular para salir de la crisis

Desde nuestra corriente venimos proponiendo la necesidad de un programa alternativo al modelo de ajuste de Cristina y los gobernadores, receta que, con algunos matices de forma, sostiene también la oposición de derecha. Necesitamos una ley que prohíba los despidos y suspensiones, la estatización de toda empresa que cierre o despida. La apertura de los libros de las empresas para que no justifiquen sus quiebras fraudulentas y el reparto de las horas de trabajo sin reducción salarial. Eso hay que hacer en Donnelley, Lear, EMFER y toda otra empresa en situación similar. Es la única salida real para preservar los puestos de trabajo y el salario. Por otro lado, se necesita un aumento general de salarios, jubilaciones al 82% móvil y planes sociales, ajustados trimestralmente de manera automática según la inflación real. Planteamos la reapertura de las paritarias, anulación del impuesto al salario y rechazamos las leyes represivas y la persecución a los que luchan. También decimos no a los buitres y no al pago de la deuda externa; que esa plata vaya a los presupuestos sociales. Y una reforma tributaria anulando el IVA para los productos de la canasta básica y estableciendo impuestos progresivos a los grandes empresarios y las multinacionales. Estas deberían ser las primeras medidas de ese programa para que la crisis la paguen los que la generaron, los capitalistas y no el pueblo trabajador. Luchando asimismo por una nueva dirección democrática y combativa y un nuevo modelo sindical sin gremialistas ricos y eternos y donde la base decida todo.

Paro activo nacional y plan de lucha

Para frenar esta ola de despidos, suspensiones y todo este ajuste capitalista hace falta una acción unificada de todos los trabajadores. Necesitamos apoyar las luchas y coordinarlas. La CTA de Micheli resolvió una Jornada Nacional para el 26 de agosto con paros, cortes y movilizaciones en todo el país, levantando varios puntos del programa que proponemos. Es un paso adelante. Así como la definición de plantear un paro de 36 hs coordinado con la CGT de Moyano. Se necesita avanzar al paro nacional, cuya fecha no aparece. Moyano sigue hablando pero no define. Ha estado pasivo desde el último paro nacional, siendo parte también del sostenimiento de la gobernabilidad con la excusa de no hacer olas ante la negociación con los buitres. Ahora la presión de vastos sectores como los del transporte está agregando alta presión a la olla. Desde cada gremio, desde cada lugar de trabajo, tenemos que reclamar la convocatoria a ese gran paro nacional de 36 horas con movilización y que luego tenga continuidad. Para bregar porque no quede ni un solo trabajador más en la calle. Y para avanzar hacia derrotar este modelo de hambre, entrega y represión.

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Que la crisis la paguen los capitalistas. No a los despidos y suspensiones 

La crisis cala hondo y las patronales pretenden descargar los costos sobre los trabajadores. Los gobiernos facilitan desde los ministerios, o directamente con las fuerzas represivas. La burocracia, cada vez más ajena a los intereses obreros, aísla o directamente patotea a los que resisten. Hay que coordinar la pelea, reclamar urgentes medidas nacionales y levantar propuestas de fondo para salir de esta situación.

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Guillermo Pacagnini

Lo que vinimos denunciando durante meses y meses, se está expresando con fuerza creciente. La crisis capitalista global golpea al país y pone al descubierto las enormes limitaciones de un modelo de dependencia y saqueo, que no puede garantizar una vida digna para las grandes mayorías  del pueblo trabajador.
Desde hace meses se viene generando un aumento importante en las suspensiones y despidos en la industria automotriz y sus derivadas, así como en otras fábricas. Las patronales, que sí han tenido una década ganada (otra más…), quieren que los trabajadores paguen los platos rotos de una crisis que los mismos empresarios, en su ambición de ganancias, han generado.

Los gobiernos, garantes del interés empresario

En las páginas de la edición anterior de Alternativa Socialista mostrábamos cómo actuaron las autoridades, suspendiendo la conciliación obligatoria que ellos mismos dictaron en Gestamp, con el único objetivo de perjudicar a los obreros. Hay ejemplos iguales en cada conflicto. El Ministerio de Trabajo una y otra vez juega desembozadamente a favor de los empresarios. Y cuando eso no alcanza, ahí están las fuerzas represivas para terminar el trabajo sucio…
Ahí no hay diferencias entre CFK, Massa, Scioli, Macri o el que sea. Todos los que gobiernan o se postulan para hacerlo desde partidos patronales para el 2015, se ofrecen como garantes de los negocios capitalistas.

La burocracia: sumisa con los de arriba, patotera con los trabajadores

Durante todos estos años, los trabajadores vimos a la burocracia sindical haciendo actos con el gobierno. Mientras tanto, nos matábamos viajando en trenes destruidos, casi la mitad trabajamos en negro, muchos perdieron las asignaciones familiares, se reiteraron los aumentos en cómodas cuotas y son cada vez más los que sufren el manotazo del impuesto al salario. Caló y demás dirigentes no hicieron absolutamente nada. Tampoco Yasky.
Pero cada vez que se levantaron las bases, salieron a frenar la pelea.
Ahora, como la bronca es cada vez mayor, aparecen los Pignanelli, amenazando con las patotas y llamando a barrer a la izquierda y los trabajadores que luchan por sus derechos. ¡Cómo se nota que este señor no vive con el salario de convenio, ni está por perder su trabajo! Por eso ante cada lucha aparece la necesidad de forjar una nueva dirección democrática y combativa.

Coordinación, medidas nacionales y plan de emergencia

Con este panorama, los luchadores y la izquierda tenemos tres tareas a la orden del día. En primer lugar hay que darle máxima importancia a la coordinación de los conflictos existentes. Así podremos quebrar la política de aislamiento y desgaste que nos quieren imponer. Cualquier propuesta divisionista, motivada por el interés de un sector va contra las necesidades de la lucha y tiene que ser rechazada. Urgen la convocatoria a una movilización unitaria. Por el peso creciente en los procesos de lucha y organización de la izquierda y ante la inacción o traición de la burocracia, el rol de las corrientes sindicales de izquierda es decisivo. Y en ese sentido la división sectaria en diversos “plenarios o encuentros” es completamente nociva. Porque divide a los trabajadores en la lucha y atenta contra que los conflictos se ganen, porque divide a los activistas y ello retrasa la posibilidad de un fuerte polo de dirección que ayude a avanzar en la coordinación. Y porque resta fuerza a la hora de preparar y reclamar a las centrales el plan de lucha y paro nacional que se necesita.
Justamente, en segundo término, hay que retomar con fuerza la necesidad de un Paro Nacional y un Plan de Lucha conjunto de CGT y CTA. Luego del parazo del 10 no se ha vuelto a convocar medidas contundentes, justamente cuando lo estamos necesitando. En cada lugar de trabajo hay que pronunciarse en este sentido, reclamando a los dirigentes de los sindicatos y centrales que se avance urgentemente en una medida concreta. Por último, para que no nos corran los gobernantes con la mentira de que no hay otro camino, tenemos que presentar medidas de salida a esta crisis. Esto arranca por la prohibición por ley de los despidos y suspensiones; expropiando y poniendo bajo control de sus trabajadores a toda empresa que cierre o despida personal. También se tienen que abrir los libros contables de cada empresa, para que se sepa cuánto ganaron y qué hicieron con esas fortunas para que hoy digan que están crisis.
Por este camino tenemos que avanzar para que esta vez sean los capitalistas los que paguen la crisis.