Desde Alfonsín hasta los K – Desmalvinizar: una política de Estado

Guillermo Pacagnini

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La desmalvinización nació de la propia dictadura que llevó a la derrota y siguió con los gobiernos de Alfonsín, Menem, De la Rúa y los Kirchner. Buscan circunscribir la guerra a un episodio aislado y descontextualizarla de sus antecedentes, del reclamo de soberanía y de la lucha antiimperialista.

La guerra de 1982 sacudió tanto la matriz de dominación imperial en la región que no solo preocupó en su momento a los piratas ingleses. El presidente yanqui Reagan y el Papa, la ONU, la OEA y los gobiernos cipayos que se sucedieron hasta hoy trataron de desmontar la energía antiimperialista.

Para desmalvinizar usaron varios argumentos, como apelar a la condena social a la dictadura genocida -homologándola al combate contra el enclave inglés- o difundir que “gracias a la derrota se fueron los militares”. Pero las libertades democráticas conquistadas con la caída de la dictadura no vinieron de la mano de Thatcher y su ejército gurka. Fue la movilización de los trabajadores y el pueblo la que volteó a Galtieri e hirió de muerte al régimen del “proceso”.

Anestesiar la conciencia antiimperialista al servicio de la entrega

Desmalvinizar incluye varios objetivos. Desde desterrar la premisa de que es posible enfrentar militarmente al imperialismo, hasta convencer de que nunca más debemos intentar acciones contra la dominación imperialista. Es ignorar los reclamos de los ex combatientes y veteranos a los que trataron de condenar al olvido. Es preservar la estructura fundamental de las FF.AA. pese a la ineptitud demostrada en la guerra, reforzando su carácter de fuerza represiva y debilitando -según las órdenes imperialistas- toda política de defensa nacional.

Desmalvinizar es también ratificar el Sistema Interamericano de Defensa y demás pactos políticos y militares que nos atan militarmente a los yanquis. En plena eclosión de la lucha por los derechos humanos, Alfonsín mandó generales argentinos a la Conferencia de Ejércitos Americanos en 1985. En el ’86, la Conferencia Naval Interamericana se reunió en Mar del Plata y empujó a que Argentina vuelva a participar de los ejercicios conjuntos con la armada yanqui UNITAS, o sea junto a quienes ayudaron a hundir el Crucero General Belgrano. Menem, con las “relaciones carnales”, profundizó la desmalvinización y ratificó los tratados de desarme y liquidación de la defensa nacional. Los K, con su barniz nac&pop avanzaron en la entrega del petróleo y la plataforma submarina.

La otra cara de la desmalvinización es la entrega, línea seguida por los gobiernos de la UCR, el PJ, la Alianza y los K. Todos pagaron deuda externa fraudulenta, mantuvieron las privatizaciones y preservaron las ganancias de los dueños de decenas de “malvinas” enclavadas en el territorio continental: estancias, pools de siembra, fábricas, bancos.

Todos ellos aseguraron que por “medios diplomáticos” se lograría todo, mientras seguían con la entrega. En realidad, el país sólo cosecha desastres. Ahora, cuando la Thatcher volvió a extender el dominio británico sobre aguas argentinas, los supuestos “países amigos” demostraron ser amigos de los piratas.

Remalvinizar

No debemos darles ninguna garantía a los piratas ni renunciar a priori a ninguna medida soberana, sea militar, económica o política. Las Malvinas fueron usurpadas y mantenidas como enclave imperialista. Los “éxitos” diplomáticos sólo consiguieron extender el control sobre aguas territoriales y mayor saqueo de recursos naturales. Las recientes provocaciones de los líderes británicos ameritan la ruptura de relaciones, la expropiación de los bienes ingleses y la suspensión del pago de deuda a la banca británica y a sus socios. Remalvinizar es redoblar la lucha por la soberanía argentina en Malvinas como parte de la pelea por la segunda y definitiva independencia de nuestro país y de Latinoamérica.

Malvinas: La verdad sobre el Informe Rattenbach

El documento prueba que se podía ganar la guerra

 

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Guillermo Pacagnini

El objetivo real del acto “malvinense” del martes 7 de Cristina K fue amortiguar con pirotecnia nac & pop la antipatía que están generando las medidas de ajuste en ciernes. Los piratas y sus súbditos isleños se tranquilizaron porque no hubo ningún anuncio que los perjudique como se venía amenazando. La iniciativa oficialista anunciada al más puro estilo K fue la desclasificación del llamado “Informe Rattenbach”, lo cual generó hilarantes comentarios en los medios porque el mismo ya había sido publicado por la desaparecida Revista Siete Días… en 1983! De paso, la vuelta escena del histórico documento, abonó a múltiples comentarios “desmalvinizadores”, cuando la esencia del mismo demuestra que era posible ganar la guerra, a condición de que se hubiera conducido política y militarmente de manera opuesta a como lo hizo la dictadura genocida.

Qué fue el Informe

La derrota de Malvinas provocó una crisis irreversible en el gobierno militar y abrió una proceso de revolución democrática en nuestro país que terminó tumbando la dictadura. La crisis de las fuerzas armadas era tal que quedaron feudalizadas, divididas transversalmente, con insubordinación, y desde ya una gran condena popular. Un subproducto de esta situación fue la llamada: ”Comisión de Análisis y Evaluación de las responsabilidades en la Guerra del Atlántico Sur”, presidida por el general retirado Rattenbach. Si bien no tuvo nada que ver con la comisión investigadora independiente que reclamamos los socialistas revolucionarios y fue parte de la compleja necesidad de recomponer la institución, se vio obligada a sacar a la luz en sus 10 meses de trabajo y 17 tomos parte de los entretelones de la conducción de la guerra, la manera nefasta en que se condujo la contienda, los garrafales errores tácticos y estratégicos, las traiciones.

Seis conclusiones contundentes

Entre las cosas que salieron a la luz, hay algunas que nos parecen centrales para graficar las causas de la derrota y sacar conclusiones importantes.

1) La junta confió en EEUU: La junta militar desde siempre confió en que EEUU se pondría de parte de la Argentina e impediría una “repuesta militar de Gran Bretaña” a la ocupación de Malvinas, le transmitió “a las tropas y los cuadros la idea de que no iba a haber enfrentamiento bélico”. Por eso el ataque inglés “tomó por sorpresa y desmoralizó a la tropas”. 2) La dictadura estaba enfrentada con Latinoamérica. Poco antes de iniciarse la guerra, hubo una “denuncia de Nicaragua ante el Consejo de Seguridad por la presencia de tropas argentinas en América Central”, en apoyo a la dictadura de El Salvador y a los mercenarios en Nicaragua. Es decir, en el momento de tomar las islas la dictadura estaba enfrentada y a los países que podían ser aliados contra Inglaterra y EEUU. Para ganar la guerra había que unirse desde antes del conflicto con Cuba, Nicaragua y todos los pueblos de América Latina.

3) La dictadura era repudiada en los pueblos por su violación a los DDHH. El informe dice que “existía en numerosos países el rechazo hacia el gobierno argentino por la cuestión de los derechos humanos”. Era decisivo ganar el apoyo de los trabajadores ingleses, yanquis, europeos y de todos los países contra el ataque británico. Las movilizaciones del pueblo norteamericano contra la guerra fueron en su momento claves para el triunfo del pueblo de Vietnam.

4) La oportunidad del ataque fue en el momento militar equivocado. El informe aclara que “El gobierno británico había resuelto desactivar para mayo de 1982 una parte sustancial de su flota naval de superficie. Esta información fue sumamente comentada por la prensa”. El informe dice que la junta acosada por su crisis y las protestas populares se apuró a tomar las Malvinas “para revitalizar el Proceso”. Se demostró que haber atacado luego hubiera encontrado a Inglaterra con el poderío militar disminuido. Pero la dictadura no tomó en cuenta el estado de la marina inglesa porque confiaba en que los EEUU los apoyarían a nuestro país.

5) No hubo unidad de mando. Una de las acusaciones fundamentales que hace el Informe contra la Junta Militar es que no aplicaron la “doctrina conjunta”. Es decir que la marina y la aviación no actuaron como una sola fuerza con un solo mando. Al punto que el informe se permite una ironía: “había desconocimiento por parte de las fuerzas terrestres de lo que podía hacer un avión”. Los militares dividieron cargos públicos y unidades de tropa entre ellos como si fuera propiedad de cada fuerza desde los primeros tiempos de la dictadura. Por eso a la guerra también fueron divididos.

6) No se prepararon para la guerra. La junta estaba convencida de que no habría guerra y por eso no se preparó. El documento dice “ Menéndez (el gobernador militar enviado por Galtieri) otorgó una mayor importancia a las tareas de gobierno que a la conducción militar, no previó un dispositivo de defensa, ni régimen logístico, no ensayó acciones conjuntas, no agrupó a todos los medios aéreos bajo un comando único”. Hasta tal punto que teniendo todo el tiempo necesario para hacerlo, no extendieron ni mejoraron las instalaciones y la pista del aeropuerto de las Malvinas. Por eso no pudieron operar los aviones desde las islas.

Parar la desmalvinización

La principal conclusión final, es que la junta Militar, altos oficiales y el canciller Costa Méndez, son los responsables de la derrota y recomienda severas penas incluso la de muerte para Galtieri y Anaya. El informe da por tierra la teoría de que era imposible enfrentar al imperio. Por supuesto había que hacer todo lo opuesto a los que hizo la dictadura. Y además de lo que dice el informe, haber tomado medidas económicas y de bloqueo contra los bienes imperialistas en el país así como haber llamado a la mayor movilización de todo el pueblo.

Esta es la verdadera esencia del informe que se pretende ocultar en aras de la política de desmalvinización que arrancó con los radicales, siguió por todos los gobiernos posteriores y hoy con los K lleva a que se desaloje violentamente a los ex soldados que protestan en las calles por sus derechos negados.