Panorama político: Crisis, conflictos y clima electoral anticipado

En medio de fuertes luchas obreras y populares, se anticipó el debate político-electoral. Aunque muy debilitado, el gobierno nacional ajusta y paga la deuda. El establishment lo banca para que avance con el ajuste, mientras buscan un reemplazo creíble entre postulantes «opositores» que no despegan. La crisis generalizada abre una oportunidad no sólo para impulsar a los nuevos dirigentes de base y desarrollar una nueva dirección sindical, sino para avanzar en una alternativa política de izquierda que dispute. En torno a estos ejes giró el análisis de nuestro congreso nacional.

GuillePaca

Guillermo Pacagnini

El debate sobre la actualidad y el futuro del país se calienta. Cada charla que arranca de un problema sindical, barrial, ambiental u otro se desarrolla hasta preguntar cuál es la salida. Hay marchas, cortes, protestas, duros enfrentamientos con las fuerzas de seguridad y reclamos que abarcan un amplio espectro de necesidades insatisfechas. Basta mencionar los conflictos en salud y educación, los reclamos por tierra y vivienda, por aumento de planes sociales y trabajo digno o las luchas obreras de EMFER-TAT.SA, Lear y Gestamp.
Mientras la tormenta de la economía capitalista mundial sacude a la Argentina, Cristina definió poner rumbo al ajuste y pago de la deuda a los buitres. Quiere culminar su mandato allanando el camino del próximo presidente y así asegurar la continuidad de la dependencia y el saqueo del imperialismo, los usureros y las multinacionales.
Pero la tarea no pinta fácil para los de arriba. Porque crecen las luchas obreras y populares, y aunque apelan a reprimir la protesta, el frente pro gobernabilidad entre gobierno, patronales y burocracia, con anuencia de la oposición tradicional, no logra frenar la bronca ni la disposición a la pelea.

Postales de fin de ciclo

La crisis es global: política, económica y social. Aunque Cristina, Capitanich, los gobernadores y diputados K finjan que no pasa nada, el gobierno va de mal en peor. Su doble discurso es cada vez menos creíble. La aceptación popular cae en picada. Las medidas económicas que empezaron con la devaluación, siguieron con tarifazos e impuestazos y techo salarial, se profundizaron con los despidos, suspensiones y la entrega a las corporaciones, el Club de París y ahora a los buitres. Todo esto empeora la situación y hace crecer la ruptura de amplios sectores que creyeron en que el kirchnerismo era un proyecto nacional y encarnaba un cambio ante el neoliberalismo.
Ya ni pueden tapar ni la corrupción individual ni la estructural, de la que Boudou es sólo una muestra. Y, como si todo esto fuera poco, Cristina multiplica deslices que confirman una alta desubicación política, como sus «chistes» con los trenes sin pensar en las 52 personas que murieron en la tragedia de Once por la desidia y la falta de control de los funcionarios del gobierno K.
La suma de recesión e inflación motoriza el conflicto social y amenaza la estabilidad que todos los de arriba quieren mantener.

«Opositores» vigilantes de la gobernabilidad

El fantasma de un nuevo 2001, ante el agotamiento del modelo K., impulsó al establishment a promover recambios, pero todavía ninguno de ellos ha demostrado ser un polo alternativo. Por eso, más allá de las disputas por imponer a Macri, Massa, Scioli, Cobos, Binner o quien fuera como presidenciable, el PJ, la UCR, el PRO y UNEN se cuidan de hacer olas. Macri y Cristina intercambian elogios y apoyos mutuos, aunque los K durante años agitaron el cuco de «la derecha». Es un tema para la reflexión de los compañeros y compañeras que honestamente confiaban en el modelo K.
En el triste papel de sacar agua del barco gubernamental en emergencia hay que incluir a toda la burocracia sindical. Colaboran intentando frenar brutalmente los conflictos, atacando a los nuevos dirigentes combativos y democráticos y, sobre todo, esquivando convocar a medidas de lucha nacionales como un paro general. Así le dan la espalda a las necesidades de los trabajadores que luchan por salarios, contra el impuesto a las ganancias, las suspensiones y los despidos.
En un país donde se están descongelando los reclamos surgidos del Argentinazo, ni semejante andamiaje de sostén puede descartar cambios bruscos que alteren las intenciones políticas de los de arriba.

Una conflictividad creciente

La crisis social tiene un doble motor que alimenta los conflictos. Uno es la inflación, que -lejos de amainar con la recesión- sigue galopante y se prevé una cifra mayor al 40%. Ella se comió los aumentos salariales del primer semestre y a eso se suma que más de un millón de trabajadores en blanco tributan el impuesto al salario, que no tienen margen para modificar -como confesaron- a causa del pago a los buitres.
El otro componente que llegó para quedarse es el parate en la industria, que castiga el ya débil aparato productivo, en especial en el sector automotriz. Lo que empezó como procedimientos de crisis y reprogramaciones productivas, dejó paso a las suspensiones, despidos y recortes salariales. Al ser dirigidos por comisiones internas combativas, los casos de EMFER/TAT.SA, Lear y otros son la punta del iceberg de un proceso que se extiende. La Volkswagen acaba de suspender 4.000 trabajadores y casos similares se reproducen en los cordones de Córdoba, Santa Fe y el norte bonaerense. Hasta Caló tuvo que admitir que hay 10.000 suspensiones y 2.000 despidos en su gremio…

La calle, disputada

La debilidad del gobierno, la necesidad de profundizar el ajuste y la imposibilidad de frenar los conflictos empuja los intentos represivos, como la ley antipiquetes y las acciones de Gendarmería. La ola de conflictos en el sector privado en defensa de la fuente de trabajo y la que se inició en docentes y estatales por aumento de salarios, con 7 provincias en lucha y llamados a no iniciar las clases tras las vacaciones de invierno significa un fuerte alerta para los planes de gobernabilidad.
A la burocracia le cuesta controlar, por su deterioro en las bases. Pero igual tienen que amagar con que van a salir a la pelea. Yasky y Caló, aplaudidores K, comenzaron tibiamente a hablar de hacer algo. Moyano, que no le dio continuidad al último paro y se dedicó al armado de un proyecto político patronal, volvió a hablar de paro nacional. Desde ya, ninguno de ellos levanta un programa con las demandas urgentes del conjunto del pueblo trabajador. A todos les preocupan los nuevos dirigentes que están al frente de varios conflictos, en un proceso que se amplía a nuevos sectores del movimiento obrero.
La CTA, junto a la Multisec-torial que integra nuestro partido, convocó a una jornada de lucha repudiando el pago de la deuda y planteando la necesidad del paro nacional, entre otros puntos. Pero se necesita preparar con urgencia el paro activo general y un plan de lucha con continuidad. Ese paro hay que prepararlo desde abajo, con reuniones de activistas y convocando o exigiendo asambleas y plenarios para debatir y preparar acciones. Y que el paro sea por los reclamos más urgentes, como prohibir por ley los despidos, nacionalizar toda fábrica que eche o suspenda, repartir las horas de trabajo sin rebaja salarial y por un plan económico de emergencia obrero y popular para que la crisis la paguen los capitalistas.

Desafíos para los luchadores y la izquierda

Junto a las cuestiones señaladas, las resoluciones aprobadas en nuestro congreso apuntan a las principales tareas que tenemos los luchadores en el próximo período. Además de la solidaridad internacionalista con Palestina, está el apoyo a EMFER y demás luchas para que ganen y al nuevo activismo que es el germen de una nueva dirección sindical. También, impulsar toda iniciativa contra la deuda fraudulenta y el pago a los buitres.
Son tiempos de crisis y luchas, a la vez que se adelanta el debate electoral y amplios sectores buscan una alternativa y miran hacia la izquierda. La definición de la fórmula BodartRipoll y las demás candidaturas del MST-Nueva Izquierda en todo el país abonan en ese camino.

 

Que la crisis la paguen los capitalistas. No a los despidos y suspensiones 

La crisis cala hondo y las patronales pretenden descargar los costos sobre los trabajadores. Los gobiernos facilitan desde los ministerios, o directamente con las fuerzas represivas. La burocracia, cada vez más ajena a los intereses obreros, aísla o directamente patotea a los que resisten. Hay que coordinar la pelea, reclamar urgentes medidas nacionales y levantar propuestas de fondo para salir de esta situación.

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Guillermo Pacagnini

Lo que vinimos denunciando durante meses y meses, se está expresando con fuerza creciente. La crisis capitalista global golpea al país y pone al descubierto las enormes limitaciones de un modelo de dependencia y saqueo, que no puede garantizar una vida digna para las grandes mayorías  del pueblo trabajador.
Desde hace meses se viene generando un aumento importante en las suspensiones y despidos en la industria automotriz y sus derivadas, así como en otras fábricas. Las patronales, que sí han tenido una década ganada (otra más…), quieren que los trabajadores paguen los platos rotos de una crisis que los mismos empresarios, en su ambición de ganancias, han generado.

Los gobiernos, garantes del interés empresario

En las páginas de la edición anterior de Alternativa Socialista mostrábamos cómo actuaron las autoridades, suspendiendo la conciliación obligatoria que ellos mismos dictaron en Gestamp, con el único objetivo de perjudicar a los obreros. Hay ejemplos iguales en cada conflicto. El Ministerio de Trabajo una y otra vez juega desembozadamente a favor de los empresarios. Y cuando eso no alcanza, ahí están las fuerzas represivas para terminar el trabajo sucio…
Ahí no hay diferencias entre CFK, Massa, Scioli, Macri o el que sea. Todos los que gobiernan o se postulan para hacerlo desde partidos patronales para el 2015, se ofrecen como garantes de los negocios capitalistas.

La burocracia: sumisa con los de arriba, patotera con los trabajadores

Durante todos estos años, los trabajadores vimos a la burocracia sindical haciendo actos con el gobierno. Mientras tanto, nos matábamos viajando en trenes destruidos, casi la mitad trabajamos en negro, muchos perdieron las asignaciones familiares, se reiteraron los aumentos en cómodas cuotas y son cada vez más los que sufren el manotazo del impuesto al salario. Caló y demás dirigentes no hicieron absolutamente nada. Tampoco Yasky.
Pero cada vez que se levantaron las bases, salieron a frenar la pelea.
Ahora, como la bronca es cada vez mayor, aparecen los Pignanelli, amenazando con las patotas y llamando a barrer a la izquierda y los trabajadores que luchan por sus derechos. ¡Cómo se nota que este señor no vive con el salario de convenio, ni está por perder su trabajo! Por eso ante cada lucha aparece la necesidad de forjar una nueva dirección democrática y combativa.

Coordinación, medidas nacionales y plan de emergencia

Con este panorama, los luchadores y la izquierda tenemos tres tareas a la orden del día. En primer lugar hay que darle máxima importancia a la coordinación de los conflictos existentes. Así podremos quebrar la política de aislamiento y desgaste que nos quieren imponer. Cualquier propuesta divisionista, motivada por el interés de un sector va contra las necesidades de la lucha y tiene que ser rechazada. Urgen la convocatoria a una movilización unitaria. Por el peso creciente en los procesos de lucha y organización de la izquierda y ante la inacción o traición de la burocracia, el rol de las corrientes sindicales de izquierda es decisivo. Y en ese sentido la división sectaria en diversos “plenarios o encuentros” es completamente nociva. Porque divide a los trabajadores en la lucha y atenta contra que los conflictos se ganen, porque divide a los activistas y ello retrasa la posibilidad de un fuerte polo de dirección que ayude a avanzar en la coordinación. Y porque resta fuerza a la hora de preparar y reclamar a las centrales el plan de lucha y paro nacional que se necesita.
Justamente, en segundo término, hay que retomar con fuerza la necesidad de un Paro Nacional y un Plan de Lucha conjunto de CGT y CTA. Luego del parazo del 10 no se ha vuelto a convocar medidas contundentes, justamente cuando lo estamos necesitando. En cada lugar de trabajo hay que pronunciarse en este sentido, reclamando a los dirigentes de los sindicatos y centrales que se avance urgentemente en una medida concreta. Por último, para que no nos corran los gobernantes con la mentira de que no hay otro camino, tenemos que presentar medidas de salida a esta crisis. Esto arranca por la prohibición por ley de los despidos y suspensiones; expropiando y poniendo bajo control de sus trabajadores a toda empresa que cierre o despida personal. También se tienen que abrir los libros contables de cada empresa, para que se sepa cuánto ganaron y qué hicieron con esas fortunas para que hoy digan que están crisis.
Por este camino tenemos que avanzar para que esta vez sean los capitalistas los que paguen la crisis.

 

103ª Conferencia Internacional del Trabajo. En sintonía con la crisis capitalista

Pacagnini en OIT 103
Entre los días 28/5 y 12 de junio participé en Ginebra, Suiza, de dicho evento, máxima instancia de la OIT, como miembro de la delegación de la CTA. Pese a las limitaciones absolutas de ese organismo perteneciente a las Naciones Unidas, -por su carácter tripartito donde los trabajadores están en minoría respecto de las delegaciones patronales y gubernamentales que suelen tener comunidad de intereses- y al cuño genético que le imprimió el imperialismo al servicio de la conciliación y la paz social, ha sido un espacio tradicional para realizar denuncias sobre violaciones a los derechos laborales.

En ese ámbito se plasmaron convenios importantes como el nº 87 (libertad sindical) o el nº 98 (derecho a la negociación colectiva), que reflejan la institucionalización de conquistas obreras a escala internacional obtenidas con la lucha. Inspirando, por ejemplo en nuestro país, los fallos de la Corte referentes a libertad sindical.
Pero en los últimos años, la OIT también vibra al compás de la crisis capitalista mundial. Reflejando el ataque a los derechos laborales funcional a la necesidad de descargar los efectos de la crisis sobre los trabajadores. Por ello los gobiernos y empleadores, tienden a revertir las conquistas cuestionando incluso las atribuciones del Comité de expertos y del comité de libertad sindical, como “órganos de control” que podrían relevar la situación de países e intervenir ante evidentes violaciones de derechos laborales. Incluso avanzando a cuestionar el alcance de los convenios y haciendo gala de la negación del derecho de huelga por primera vez de manera directa.
Nuestra delegación, disputó en las distintas comisiones y reuniones plenarias. Principalmente la de aplicación de normas, que no llegó a una instancia de acuerdo, perjudicando a los trabajadores de 19 países que denunciaron flagrantes violaciones a los más elementales derechos laborales, muchos de ellos con regímenes dictatoriales. Asimismo en las comisiones de trabajo forzoso, sobre transición de la economía informal a la economía formal (léase “precarización laboral”), la discusión recurrente sobre el empleo y la discusión sobre el salario mínimo.
Con el aval de más de 50 centrales, se rechazó la intervención del gobierno en las elecciones de la CTA. Así como una nueva presentación para que el “caso Argentina” sea tratado en la próxima conferencia, a fin de canalizar la situación de los procesados por luchar, los presos de Las Heras, la falta de libertad sindical, las tropelías de las patronales, y los casos de cercenamiento del derecho de huelga en la salud, como sucedió con los sindicatos de la FeSProSa de San Juan y Mendoza, en la docencia con la “declaración de servicio esencial”, y las persecuciones como la sufrida por el compañero Edgardo Castro. Completaron nuestras actividades, diversas reuniones con dirigentes de centrales obreras y de la propia OIT para interiorizarlos de los reclamos a favor de los trabajadores que llevamos desde nuestro país.

Guillermo Pacagnini

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A 11 años del Argentinazo

Se cumplen once años de la semiinsurrección que terminó con el gobierno de Dela Rúa, que tumbó 4 gobiernos más y descalabró el régimen bipartidista, abriendo una nueva etapa en nuestro país.

Hablar del 2001, implica rememorar el hecho histórico. Sobre todo porque desde la izquierda revolucionaria defendimos esa gesta como un proceso revolucionario abierto, polemizando con los que minimizaron su importancia política y con los que bregaron por cerrar las heridas del viejo régimen en crisis.

Pero lo fundamental es capitalizar las enseñanzas centrales de ese proceso, actualizarlas y desde ahí plantearnos las tareas que quedaron pendientes. Y es evidente, que el resonante “que se vayan todos” de esos días, no se tradujo en la construcción de una alternativa política con peso de masas, que se planteara gobernar el  país para concretar los cambios que el pueblo demandaba. Por esa ausencia, aunque más débil, se recicló parte de lo viejo.

El proyecto kirchnerista vino con la misión de recomponer el régimen y sus instituciones desprestigiadas. Solamente lograron poner el pie la figura presidencial aprovechando la bonanza relativa y tejiendo un relato que convenció por un tiempo pero que ya se agota. La insistencia en tanta “re re”, demuestra que están lejos de lograr aquella añorada alternancia.

Con la llegada de la crisis emerge la realidad de un capitalismo decadente que insiste en mostrar su rostro de miseria y las demandas de aquél 2001 siguen pendientes. La energía obrera y popular vuelve con fuerza en los conflictos, marchas y paros. El 8N y el 20N muestran que la perspectiva hacia otro 2001 vuelve a teñir las calles y a preocupar a los de arriba. Gobierno, paronales y burocracia sindical. Los que antes lo enfrentaron y los que se metieron debajo de la cama.

Al calor de la lucha social, tenemos el desafío de retomar la principal tarea que dejó pendiente el Argentinazo: hacer fuerte la alternativa revolucionaria que estamos construyendo desde el MST. Será el mejor homenaje a los mártires del Argentinazo y a la movilización victoriosa. Para que esta vez podamos avanzar hacia el proyecto socialista de país que se necesita. En ese camino, seguimos creyendo en la necesidad de poner en pie una herramienta amplia de confluencia junto a Pino y las fuerzas que conformamos el  Movimiento Proyecto Sur, ampliándola y desarrollándola como lo planteamos en el reciente acto.

Levantando la vigencia del proceso abierto en el 2001, marcharemos el 19 a la Plaza de Mayo a la marcha unitaria con CTA y CGT, asimismo trabajaremos para lograr un documento conjunto con la izquierda y los movimientos sociales así como otras iniciativas que acordemos.