Que la crisis la paguen los capitalistas. No a los despidos y suspensiones 

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La crisis cala hondo y las patronales pretenden descargar los costos sobre los trabajadores. Los gobiernos facilitan desde los ministerios, o directamente con las fuerzas represivas. La burocracia, cada vez más ajena a los intereses obreros, aísla o directamente patotea a los que resisten. Hay que coordinar la pelea, reclamar urgentes medidas nacionales y levantar propuestas de fondo para salir de esta situación.

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Guillermo Pacagnini

Lo que vinimos denunciando durante meses y meses, se está expresando con fuerza creciente. La crisis capitalista global golpea al país y pone al descubierto las enormes limitaciones de un modelo de dependencia y saqueo, que no puede garantizar una vida digna para las grandes mayorías  del pueblo trabajador.
Desde hace meses se viene generando un aumento importante en las suspensiones y despidos en la industria automotriz y sus derivadas, así como en otras fábricas. Las patronales, que sí han tenido una década ganada (otra más…), quieren que los trabajadores paguen los platos rotos de una crisis que los mismos empresarios, en su ambición de ganancias, han generado.

Los gobiernos, garantes del interés empresario

En las páginas de la edición anterior de Alternativa Socialista mostrábamos cómo actuaron las autoridades, suspendiendo la conciliación obligatoria que ellos mismos dictaron en Gestamp, con el único objetivo de perjudicar a los obreros. Hay ejemplos iguales en cada conflicto. El Ministerio de Trabajo una y otra vez juega desembozadamente a favor de los empresarios. Y cuando eso no alcanza, ahí están las fuerzas represivas para terminar el trabajo sucio…
Ahí no hay diferencias entre CFK, Massa, Scioli, Macri o el que sea. Todos los que gobiernan o se postulan para hacerlo desde partidos patronales para el 2015, se ofrecen como garantes de los negocios capitalistas.

La burocracia: sumisa con los de arriba, patotera con los trabajadores

Durante todos estos años, los trabajadores vimos a la burocracia sindical haciendo actos con el gobierno. Mientras tanto, nos matábamos viajando en trenes destruidos, casi la mitad trabajamos en negro, muchos perdieron las asignaciones familiares, se reiteraron los aumentos en cómodas cuotas y son cada vez más los que sufren el manotazo del impuesto al salario. Caló y demás dirigentes no hicieron absolutamente nada. Tampoco Yasky.
Pero cada vez que se levantaron las bases, salieron a frenar la pelea.
Ahora, como la bronca es cada vez mayor, aparecen los Pignanelli, amenazando con las patotas y llamando a barrer a la izquierda y los trabajadores que luchan por sus derechos. ¡Cómo se nota que este señor no vive con el salario de convenio, ni está por perder su trabajo! Por eso ante cada lucha aparece la necesidad de forjar una nueva dirección democrática y combativa.

Coordinación, medidas nacionales y plan de emergencia

Con este panorama, los luchadores y la izquierda tenemos tres tareas a la orden del día. En primer lugar hay que darle máxima importancia a la coordinación de los conflictos existentes. Así podremos quebrar la política de aislamiento y desgaste que nos quieren imponer. Cualquier propuesta divisionista, motivada por el interés de un sector va contra las necesidades de la lucha y tiene que ser rechazada. Urgen la convocatoria a una movilización unitaria. Por el peso creciente en los procesos de lucha y organización de la izquierda y ante la inacción o traición de la burocracia, el rol de las corrientes sindicales de izquierda es decisivo. Y en ese sentido la división sectaria en diversos “plenarios o encuentros” es completamente nociva. Porque divide a los trabajadores en la lucha y atenta contra que los conflictos se ganen, porque divide a los activistas y ello retrasa la posibilidad de un fuerte polo de dirección que ayude a avanzar en la coordinación. Y porque resta fuerza a la hora de preparar y reclamar a las centrales el plan de lucha y paro nacional que se necesita.
Justamente, en segundo término, hay que retomar con fuerza la necesidad de un Paro Nacional y un Plan de Lucha conjunto de CGT y CTA. Luego del parazo del 10 no se ha vuelto a convocar medidas contundentes, justamente cuando lo estamos necesitando. En cada lugar de trabajo hay que pronunciarse en este sentido, reclamando a los dirigentes de los sindicatos y centrales que se avance urgentemente en una medida concreta. Por último, para que no nos corran los gobernantes con la mentira de que no hay otro camino, tenemos que presentar medidas de salida a esta crisis. Esto arranca por la prohibición por ley de los despidos y suspensiones; expropiando y poniendo bajo control de sus trabajadores a toda empresa que cierre o despida personal. También se tienen que abrir los libros contables de cada empresa, para que se sepa cuánto ganaron y qué hicieron con esas fortunas para que hoy digan que están crisis.
Por este camino tenemos que avanzar para que esta vez sean los capitalistas los que paguen la crisis.

 

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