FAP: muy buena elección… ¿y después?

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Guillermo pacagnini

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El crecimiento del FAP, fue luego del triunfo de Cristina, el otro dato sobresaliente de la elección. Más allá de la muy holgada distancia que lo separó del oficialismo, el haber despegado del triple empate de las primarias y logrado el segundo lugar, lo ubica como uno de los “ganadores” del domingo.

Varias cuestiones están en la raíz de este resultado

Ante la debacle completa de las expresiones de oposición por derecha tales como la UCR en primer lugar y el rechazo manifiesto a los apellidos de la vieja política, Binner apareció y se promocionó como un producto novedoso. Que canalizó una amplia franja de voto heterogéneo antigubernamental, con un importante sector de voto conservador. Por ejemplo en la Capital el corte de boleta Binner/Pinedo (Pro) fue de magnitud, demostrando que se transformó en un canal del voto antigobierno. Y en Pcia. de Bs. As. Jaime Linares, que había salido 4º en las internas, ahora subió con los votos radicales del interior y del duhaldismo y gracias a esta franja no precisamente “progre”, entró como senador.

Pero también logró canalizar parte del espacio progresista a izquierda del gobierno que dejó vacante la ausencia de Pino Solanas como candidatura nacional. Demostrando que pese a la avalancha de votos al kirchnerismo, hay un espacio opositor importante que busca algo nuevo, despertando la expectativa de estar apoyando una expresión a la izquierda del gobierno para lograr un cambio. Lamentablemente el programa y la estrategia que se desprende del discurso de Binner no van precisamente en ese sentido.

Muchas señales que no apuntan a la alternativa que se necesita

Ya en agosto Binner y Stolbizer suscribieron un acuerdo “de gobernabilidad” con Macri, el duhaldismo y la UCR que entre otros compromisos garantizaba “paz social” y “seguridad jurídica” para el establish-men. Durante la campaña, pese al apoyo de dirigentes de la CTA y a la simpatía y expectativas generadas en este sector social, prefirió posar con Moyano, ícono del sindicalismo burocrático, despertando críticas en esas mismas filas. La receta “anti-inflacionaria” para enfrentar la crisis mundial que ofrece el dirigente del PS es “que los empresarios ganen un poco menos, y los trabajadores no pidan aumento”. Y las tareas inherentes a la necesaria segunda independencia nacional no fueron parte del discurso del candidato presidencial, que sí se ha manifestado partidario de honrar los pagos al Club de París. Los llamados poselectorales hacia el radicalismo, reafirman el manto de sombras sobre la estrategia que Binner pretende para el frente. Muy distinta a las expectativas de cambio que tienen miles de sus votantes. Y los trabajadores y luchadores de la CTA con los que compartimos peleas contra el gobierno e integran esta expresión política esperando construir una alternativa independiente de los viejos partidos y las corporaciones. El FAP de Binner y el GEN no presenta ese rumbo hacia la alternativa independiente, amplia de confluencia alrededor de un programa antiimperialista y de emancipación y cambio que se necesita.

Por ello nuestro llamado a la reflexión a esos compañeros para no volver a frustraciones del pasado con otras expresiones de centroizquierda como el Frente Grande o luego el ARI. Ambas comenzaron un derrotero promisorio y con muchos votos y terminaron defraudando a quienes creyeron que el cambio había comenzado.