Después de las primarias

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El triunfo K y el escenario que se viene

Cristina Kirchner y su gobierno han logrado un categórico triunfo. Con más del 50% de los votos le sacaron una enorme ventaja a una oposición que actuó fragmentada y no logró aparecer como alternativa. ¿Cuáles son la razones de la victoria K? ¿Qué perspectivas se abren para los trabajadores y el pueblo en los próximos meses? Responder a estos interrogantes es clave a la hora de definir los desafíos fundamentales que los luchadores tenemos por delante para responder a las luchas y a la construcción de alternativa política. Porque si bien nos encaminamos a un triunfo de los K, a la vez tenemos que prepararnos para que hacia el 2012 la crisis global empiece a actuar y la coyuntura y el clima social comiencen a cambiar.

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Guillermo Pacagnini, Dirigente Nacional MSTen Mov. Proyecto Sur

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Los datos son claros. El FPV obtuvo el 50.1 % de los votos, 5 puntos más que en las presidenciales del 2007 y 38 puntos por encima del segundo. La oposición radical y peronista federal quedó muy lejos en un doble empate con el 12%, cerca de Binner con el 10%. Con estos resultados los K salen fortalecidos para la reelección de CFK. Ya que, salvo un giro brusco en los acontecimientos, no se avizoran posibilidades de polarización. Van a tratar de utilizar ese aire político como un aval al servicio de “profundizar el modelo”.

La coyuntura económica: una clave de la victoria K

Un primer factor determinante es el carácter de la coyuntura que estamos atravesando que apunta a que prime el voto “conservador” favorable a los que gobiernan. Así pasó en las elecciones provinciales de meses atrás y en las últimas de Capital, Santa Fe y Córdoba, donde ganaron los oficialismos. En las elecciones nacionales pasó algo similar, la mayoría de la población opta por no provocar cambios, por mantener lo que está porque no quiere incertidumbre sobre el futuro inmediato. Hay un cóctel de varios elementos que abonan este humor en la población.

El marco regional tiene a Brasil como supuesto garante de estabilidad con mayor protagonismo que procesos como el venezolano o el de Bolivia que muestran signos de estancamiento. Y el mundo nos muestra una postal casi apocalíptica de crack europeo, ajuste yanqui, estallido en Inglaterra, indignados y rebeldes, que tuvo como preludio las sucesivas escenas de procesos revolucionarios en el norte de África.

El hecho que esta nueva fase de la crisis capitalista mundial que se expresa con tanta virulencia contraste con una bonanza en las finanzas domésticas, ha sido utilizado a su favor por el gobierno para mostrar las supuestas bondades del modelo. Utilizando a su favor que volvió a soplar viento de cola y como un éxito de gestión que superaron la crisis del 2008, cuando la onda expansiva de la crisis mundial había empezado a llegar y que en su momento desencadenó una fuerte reacción social comprometiendo la estabilidad del propio gobierno.

El gobierno medra con la relativa estabilidad económica y la ausencia de grandes oleadas de luchas que sacudan la gobernabilidad.

Las reservas holgadas que dan margen de maniobra, los altos precios de los comodities que apaciguaron la bronca en las zonas agrarias, la plata del ANSES y la reactivación de ramas importantes como la automotriz y ciertas medidas sociales muy parciales como la asignación “universal”, subsidio al transporte y planes sociales acolchonaron y le permitieron meter bajo la alfombra tremendos problemas estructurales no resueltos.

Pero ello no significa que el modelo goce de una salud duradera, que haya una nueva etapa de acumulación o el gobierno haya superado sus problemas estructurales congénitos. La inflación, la canasta alimentaria y la brecha social que crecen, la crisis del gas y la falta de inversión, la deuda externa y la precarización, entre otros males, se expresarán apenas la crisis llegue, alimentarán las luchas sociales y un humor distinto al que ahora le ha permitido ganar la elección.

Las razones políticas

La falta de una alternativa real es el otro factor determinante para explicar la victoria K. El eje de preocupación de la prensa que refleja las inquietudes del establishment, es el fracaso es construir una alternancia. Desde el punto de vista de los de arriba, han tratado de darle aire a una alternativa de recambio que recomponga al viejo bipartidismo que voló por los aires con el Argentinazo del 2001. Y vienen fracasando. Por la vía del intento panradical y por la variante del peronismo disidente. Ambas expresiones se dividieron y debilitaron. Alfonsín demostró que la alianza por derecha con De Narváez no anduvo. Duhalde, que se arrepiente de no haberse juntado con el puntano R Saa, si bien remontó algunos puntos, quedó muy lejos. Y Carrió, que en las presidenciales anteriores salió segunda, se derrumbó. La fragmentación de esta oposición burguesa, le ha dado un aire fundamental al proyecto K que venía con muchos problemas para rearmarse después de la muerte de su líder. Renovaron contrato los barones del conurbano y los gobernadores, a cambio de favores económicos de la chequera K. pero también frente a la poca performance de otras opciones. La razón de fondo, es que esta oposición postula salidas por derecha frente al doble discurso del kirchnerismo y asimismo aparece a los ojos de la sociedad como crudos exponentes de la vieja política.

Este vacío que deja al kirchne-rismo como lo único en pie para garantizar la gobernabilidad es a la vez un déficit estratégico para la salud del régimen, sin fusible para enfrentar futuros cambios bruscos que probablemente se expresarán cuando la onda expansiva de la crisis demuestre que no hay blindaje, cambie el humor social y los que hoy consumen el doble discurso pasen a cuestionar y a demandar un cambio. Así como muchos destacan la magnitud del triunfo en las primarias y el hecho que casi se asegure el triunfo en octubre, también señalan que el escenario que deberá enfrentar el gobierno próximo no va a ser precisamente tranquilo.

Pero tampoco se fortaleció una alternativa al servicio de los de abajo. En estas mismas páginas explicamos por qué no lo son el FAP ni el FIT y los desafíos que tiene por delante Proyecto Sur para construir una fuerza política amplia con un programa transformador que se exprese y dispute franjas de masas en los procesos sociales y tenga vocación de poder.

El escenario que se viene

En lo inmediato seguirá primando el clima electoral. La oposición se replantea sus tácticas, casi con la impotencia de ver un seguro triunfo de los K en octubre. Pero, como editorializa La Nación, aunque ganen, en el horizonte habrá “un país más difícil para gobernar”. El aire pasajero de los votos no garantiza la recomposición de un proyecto K sólido a largo plazo que ya mostró que cuando hay cambios bruscos desnuda todas sus debilidades estructurales.

Este aire podrán usarlo para ganar en octubre. Pero el viento de cola dejará de soplar y seguramente el escenario que se viene hacia el próximo año colocará nuevamente en los primeros planos a los reclamos sociales. Llegará la crisis, crecerán las demandas y habrá que responder a las luchas, a las necesidades de nueva dirección para que se ganen. Y a la necesidad de otro modelo y una alternativa política que lo lleve adelante.