Fuerte paro nacional y masivo acto en Plaza de Mayo

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El 27 de junio, más de 50.000 trabajadores llenamos Plaza de Mayo. Más allá de los límites de la dirección cegetista y de la tremenda campaña del gobierno, hubo un parazo y una movilización que canalizaron la bronca obrera y popular contra el ajuste. Hay que seguirla con un plan de lucha CGT-CTA.

Guillermo Pacagnini,
secretario  sindical del MST
Mesa Nacional CTA

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El paro y acto de la CGT fueron el punto culminante de un agitado momento político cuya primera demostración fue el paro del 8 de la CTA y que se aceleró con la medida de fuerza de los Camioneros y otras luchas.
Fue un canal de expresión de los miles y miles que vienen luchando o acumulando bronca y una categórica respuesta al discurso provocador de Cristina que ratificó el impuesto al salario y acusó de “tacaños” a los trabajadores.

No solo pararon los gremios afines a Moyano. La medida repercutió en gremios nacionales, como el docente. Y se movilizaron importantes sectores combativos y de oposición. Hubo amplia adhesión entre los docentes, CICOP y FesProSa, la votación positiva en la asamblea de Ademys, la oposición del Suteba y la movilización a la Plaza de la seccional San Fernando del SUTNA y Fate, la oposición ferroviaria a la Verde de Pedraza y sectores del subte que fueron por mandato de asambleas.

Aparte de las desigualdades del paro y de los medios que intentaron atenuar sus efectos, fue un hecho político de magnitud. Además de lucha, la Plaza llena de columnas obreras y de la izquierda mostró la creciente ruptura política con el gobierno.

Derrota política para el gobierno

El gobierno desplegó una tremenda campaña con sus dirigentes políticos y sindicales adictos, los “gordos” y demás sectores que disputan la CGT, en acuerdo con las patronales y el sector de Yasky, presionando para no ir a la Plaza. El multimedio estatal y capitalistas amigos se sumaron a la campaña. Hablaron de “golpismo”, “desestabilización” y que “se viene la derecha”.

El colmo fue el discurso de la presidenta, que caldeó más los ánimos al reivindicar el impuesto al salario que castiga a dos millones de compañeros y reconocer que un 81% de trabajadores no llega al salario mínimo. Esa campaña abrió debates y confundió a algunos sectores. Pero la realidad pudo más y no logró torcer una Plaza masiva ni la simpatía de amplias franjas obreras y populares.

Una medida contundente

El paro reflejó una coyuntura muy complicada para el gobierno de Cristina, que viene con fuerte desgaste. Por sobre la desconfianza hacia Moyano y la dirigencia burocrática de la CGT, la bronca por la llegada de la crisis hizo primar el repudio al gobierno. Por eso el paro se sintió en gremios moyanistas, repercutió en otros, adhirieron sectores combativos y la movilización fue de las más grandes en años. Varias razones explican su contundencia:

El paro levantó dos puntos sentidos que son como un pliego nacional desde el paro de la CTA: la eliminación del impuesto al salario y del tope a las asignaciones familiares. Asimismo fue un punto de síntesis de luchas que vienen recorriendo el país en los estatales, salud, judiciales, docentes, alimentación, bancarios, camioneros y el propio paro nacional de nuestra CTA. Pero también canalizó el extendido malhumor social, el hartazgo por la inflación, los techos salariales y los presupuestos sociales congelados. En definitiva, el rechazo a los efectos de la crisis y a las medidas de ajuste con que el gobierno y las patronales pretenden que la paguemos.

Fue una clara señal para el gobierno y dejó planteada la necesidad de una continuidad.

Las críticas al moyanismo y algunos debates

En el activismo y en sectores de la CTA se abrieron muchos debates. Compartimos las críticas y desconfianza a Moyano por su apego al viejo modelo sindical burocrático y su apoyo al gobierno hasta hace poco. Los reclamos por los que convocó son sufridos desde hace tiempo y él recién empezó a levantarlos a medida que se peleaba con Cristina. No dio pasos concretos de unidad en la acción cuando la CTA lo planteó. Le puso límites a la medida, al programa y a la amplitud de la convocatoria. Terminó su discurso pidiéndole “diálogo” a Cristina y sin plantear continuidad en la lucha.

Pero aun compartiendo todo esto, la política correcta era llamar a apoyar el paro y a marchar a la Plaza. Así lo hicimos desde nuestra corriente, con volantes, recorridas de fábricas y reparticiones, en asambleas y plenarios sindicales. La campaña del gobierno y sus amigos de la burocracia llevaron confusión a algunos sectores del activo político sindical que no marcharon.

Lamentablemente, no logramos que la mayoría de la mesa de la CTA se pronunciara por la marcha. Se adhirió al paro, pero se resolvió no marchar. Creemos que esto fue equivocado y no ayudó a la unidad de acción que se necesita. No marchar argumentando la caracterización burocrática de Moyano, las posibles presencias en el palco o que no hubo una instancia de coordinación es equivocado frente a lo principal. Una unidad mayor hubiera fortalecido más al movimiento obrero en la pelea contra el impuesto al salario, contra el ajuste y hubiera postulado con mayor fuerza a la CTA, que venía con la iniciativa del paro del 8, levantando ese pliego y llamando a la unidad a la CGT. Cuando llegó el momento, no se concretó. Estos debates siguen abiertos y hacen a cómo pararse en la coyuntura y hacia una central de masas como la que se necesita.

Plan de lucha CTA-CGT

La perspectiva de agravamiento de la crisis, con más de 50.000 despidos y suspensiones en la industria, la suba de precios y el ajuste que se profundiza en el Estado plantean la necesidad de una continuidad.

Hay que hacer los mayores esfuerzos para apoyar las luchas actuales y para articular un plan de lucha conjunto de la CTA y la CGT. Un plan de lucha por los puntos urgentes -anular el impuesto al salario y el tope a las asignaciones, salario mínimo de 5.000 pesos, paritarias sin techo- y, frente a la crisis, por un plan económico alternativo obrero y popular para que la paguen los de arriba y no los trabajadores.